Recorriendo impacientemente algunos de mis antiguos recuerdos como recurso para buscar respuesta a algunos de los nuevos, encontré una vieja historia, uno de esos pequeños detalles que cualquiera pasaría por alto si no formasen parte de ese repertorio inagotable de anécdotas infantiles que nuestras madres no se cansan de contar a todo el que quiere oírlas, voluntaria o involutariamente.
Cuando yo era pequeña, muy, muy pequeña, había un peluche que formaba parte de mi vida. No era un peluche especialmente bonito, o que tuviera un gran significado por sí mismo, era simplemente el peluche de Nestle, un osito azul que promocionaba su línea de productos infantiles. Es posible que lo adquiriera con uno, dos años, y desde entonces, no podía vivir sin él.
La cuestión realmente no estaba en que fuera el osito Nestle, es que era mi osito Nestle, ese que me había acompañado desde que tenía uso de razón, si es que a esa edad se puede disponer de ella. Jugaba conmigo a las muñecas, a las reuniones de té, a las princesas, a los viajes a Saturno y a ser pilotos de fórmula uno. Veíamos juntos toda la saga de «En busca del valle encantado» y nos encantaba comer chocolatinas Milkibar. Los dos nos quejábamos por igual, y eramos igual de marimandones. Resumiendo, eramos inseparables.
Había veces que mi madre estaba desesperada, mi pobre Manolito siempre estaba sucio, y yo me negaba en rotundo a separarme de él. No entendía que clase de persona cruel dejaría meter a su osito en la lavadora, ¿y si tenía miedo ahí dentro? ¿Qué clase de niña pequeña haría eso a su peluche? Supongo que una madre siempre sabe lo que tiene que hacer, y cuando yo dormía la siesta, ella lo lavaba y lo ponía a secar en la lumbre, devolviéndolo a mis brazos como si nada hubiese pasado.
Hasta aquí, es una historia verdaderamente entrañable, pero llega su trágico final. Mis padres, que siempre me han odiado, se olvidaron a Manolito en un hotel de Alicante unas vacaciones de verano.. Desde entonces no le volví a ver. Al darme cuenta en el coche que no estaba mi oso, ya íbamos por la carretera, y nadie volvió a por él, claro está. Mi padre llamó al hotel para que se lo enviaran, en el caso que mi osito siguiera allí, pero estoy segura de que el gerente se lo quiso quedar.
Yo preguntaba cada día que cuando volvería Manolito, pero nadie me hacía caso. Mientras mis padres me engañaban y me decían que se había quedado un poco más en la playa con sus amigos osos de Nestle, removían cielo y tierra para conseguirme otro peluche igual.
Al final, consiguieron otro pero ese no era Manolito y lo supe nada más cogerlo. Era de un azul más intenso, menos desgastado. Olía a nuevo, y no tenía mi nombre escrito en la etiqueta. Una niña lista se habría dado cuenta que ese no era su juguete nada más cogerlo, y bueno.. Yo siempre fui muy lista.
Viendo Toy Story 3 hace un par de semanas y relacionando la historia de mi Manolito con la del perverso Lotso, me sentí fatal por el destino que corrió mi pobre oso azul.. Así que espero que me perdone allá donde esté.
Sobre todo, que me perdone por los millones juguetes más que vinieron después de él para divertirme y hacerme feliz, y es que nada es fundamental si puede sustituirse. Llegando con esta reflexión a la respuesta que buscaba en este típico domingo de invierno.
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| Manolito - mi versión era sin tarro |




18 comentarios:
Ay, me has recordado a un perro gigante rosa que tenía de pequeña. Era super blandito y me encantaba.
Hola guapa!
Vaya con tus padres, mira que dejarse a Manolito jaja
Mi juguete se llamaba Pepe, era un muñeco al que se le cayó un ojo y mi madre lo pegó, se le quedó blanco y ahora que lo pienso era bastante tétrico. Todas las noches le hacía papilla xD
Un besazo
Muy graciosa y entrañable historia. Pobre Manolito. La verdad es que yo no he tenido tal apego a ningún muñeco de mi infancia, pero mi hermano si, a un hipopótamo de 70 cm de grande que llevaba a todas partes... jajaja...
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Aw que lindo!
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que gracioso post, yo no ponía nombre a mis juguetes XD
Hoy, un look casual en el blog :)
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Que linda la historia!!
Besos
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Te lo he dicho muchas veces, pero es que me encantan tus reflexiones... Que pena me daba la historia de Lotso. Seguro que Manolito te ha perdonado :)
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que chula la entrada !! Mi jueguete de la infancia fue un oso rosa... que acabó hecho polvo..
Muy buena entrada jajaja, pobre manolito!!! jajaja pues yo tenia y tengo un muñeco de un bebe al que le puse Paquito y que el pobre tenia el cuerpo de algodon o lo que lleven dentro pero la cabeza, piernas y brazos eran de plastico, y como yo lo metia en el agua perdio el color y se puso paliduxo y mi madre lo queria tirar pero ahi sigue en mi armario mi paquito jajaja, besitoss
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Que lindo post, pues la verdad que al tener hermanos pequeños pues tampoco le hacía mucho caso a los juguetes ya que me encantaba estar con ellos, lo que hice una vez fue pedirle a los reyes un bebé de esos que parecían niños de 6 meses jjaja para poder manejarlo a mi antojo ya sabes vestirlo con lo que yo quería, bañarlo, etc... pero no le puse nombre .... que recuerdos¡¡
besos guapa
Que historia más bonita!!! Una pena que se olvidaran a Manolito!!
Yo cuando era pequeña tenía varios peluches y muñecos y todos me gustaban, pero yo de lo que era inseparable era de una gasita de estas de los niños que era de colorines, y de la almohada de la cuna, iba con ello a todos lados...jajajaja
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Un besín
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todos teníamos algo, lo mío era una almohada pequeñita que al final acabó siendo la funda de la almohada..... no me separaba de ella y también siempre estaba guarrísima porque no me separaba de ella...
un post estupendo, me ha encantado!!! :) un besito
que post mas tierno, yo la verdad que sigo teniendo mi primer juguete, lo unico que no perdonare nunca a mis padres es que me tiraran la casa de playmobil cuando nos mudamos
besos
♥Nshantel By Tamara♥
qué post màs bonito y entrañable, me ha encantado y me ha dado mucha penita!
besitos
oooh :(
Siempre hay algún peluche de la infancia que no se nos olvidará nunca! http://outsidefashioncatwalk.blogspot.com.es
Oiiins que bonita historia. Pues yo tuve una perrita llamada Luna que siempre me ha encantado.
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